PAULA SOLAR O. Directora Ejecutiva Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia

AGENDA POLÍTICA EN CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN: LA LLAVE PARA LLEGAR AL DESARROLLO

Mucho se ha hablado sobre la importancia de invertir mas en Ciencia en nuestro país, pero se ha hecho muy poco esfuerzo en explicarle a la población la importancia de ello. Como país en vías de desarrollo la ciencia, la tecnología y la innovación son la clave para el crecimiento futuro de nuestro país y llegar a ser un país desarrollado, lo que significa llegar a un alto grado de industrialización, manteniendo una alta calidad de vida de nuestra población.

El crecimiento económico de nuestro país ha enfrentado varios desafíos debido a su alta dependencia al mercado del cobre, a nuestros recursos naturales, y por ende, a los mercados internacionales. En este contexto, nuestros principales desafíos son mejorar nuestra productividad, resolver las desigualdades en la distribución del ingreso y fortalecer nuestras políticas sociales. Nuestro país necesita aumentar sus capacidades en investigación y desarrollo para transformar su matriz productiva y estructura económica en una que sea más sostenible, sustentable y diversificada, y que incorpore la innovación y el conocimiento para impulsar el crecimiento económico y el progreso social del país. Esto, según el Banco Interamericano del Desarrollo (BID) y el Word Economic Forum (WEF) contribuiría a multiplicar por 5 la contribución a las exportaciones del país de productos basados en tecnología y conocimientos al año 2030. Por ello es un desafío importante alinear las agendas de ciencias y tecnología con nuestra agenda nacional de desarrollo socioeconómico.

La innovación es fundamental para el siglo XXI, a fin de diversificar nuestro esquema productivo y que nuestras empresas sean capaces de transitar de los recursos naturales, a servicios y productos manufacturados. Pero la innovación no sólo es necesaria en el sector productivo, debemos innovar también en nuestro sistema de previsión social, innovar en salud, innovar para tener ciudades más inteligentes y limpias. Para cumplir esta importante meta y pavimentar el camino para llegar al Chile que queremos, es necesario tener una estrategia para ayudar a nuestros científicos a innovar en las diferentes áreas de la ciencia sin dejar de producir conocimiento; la base de la innovación. Por ejemplo, siendo Chile un país sísmico y con una amplia área costera, es de esperar que seamos capaces no sólo de generar conocimiento en el área de arquitectura y obras públicas; sino también en nuevos materiales y tecnologías. Como otros ejemplos tenemos las bacterias extremófilas que crecen exclusivamente en nuestros geiseres, volcanes, salares y glaciares; el cobre que puede ser parte de un sinnúmero de aleaciones con nuevas características, amenazadas hoy por la incipiente industria del grafeno; las especiales condiciones de nuestro desierto que hace necesarias nuevas tecnologías en paneles solares; la necesidad de producir nuevas tecnologías en nuestros productos de exportación, para mejorar la producción, disminuir las pérdidas por infección por patógenos, controlar la maduración de las frutas o mejorar sus empaques para mantenerlos frescos por mas tiempo; medidas que pueden tener un fuerte impacto en nuestra economía. Por otro lado, somos un país con una elevada tasa de cáncer de colon y vesical que no se repite en otros países del mundo, ¿será nuestra dieta?, ¿serán nuestros genes?.

Tomando en cuenta ello, el futuro de los medicamentos es la farmacogenómica; en donde se seleccionan los mejores medicamentos y dosis según el perfil genético de la población. Bajo este contexto ¿cómo no vamos a estudiar la respuesta de nuestra población a los diferentes medicamentos?. Las oportunidades de innovación y diversificación en estas áreas no solo son necesarias, sino que también muestran un alto potencial.

El Informe de Competitividad Global 2016-2017 del Foro Económico Mundial (WEF) mostró que la sofisticación y la innovación de los negocios son los pilares de desempeño más bajos en el perfil de Competitividad de Chile. De 138 países, Chile se encuentra en el número 56 en el subíndice de factores de innovación y sofisticación, en cooperación universidad-industria en investigación y desarrollo se encuentra en el lugar 64, en disponibilidad de científicos e ingenieros en el lugar 23, en la calidad de instituciones de investigación científica en el puesto 43. Chile tiene el lugar 108 en inversión privada en investigación y desarrollo y 118 en adquisición por parte del gobierno en los productos de tecnología avanzada, y es junto con Mexico, el país con la menor inversión en investigación y desarrollo, tanto en USD como en porcentaje del PIB (0,37% del PIB). Estos índices deben ser mejorados notoriamente si queremos un país industrializado, con una matriz productiva sofisticada y diversificada que haga nuestra economía mas estable y menos dependiente de los mercados internacionales.

En resumen hay dos imperativos básicos a considerar: En primer lugar, Chile no solo puede, DEBE ser un país productor de conocimiento, así como todos los países del mundo debieran serlo. Cada país tiene particularidades especiales e irrepetibles que hacen necesaria la investigación básica, y es un error garrafal supeditar la generación de conocimiento sólo a los países desarrollados. En segundo lugar, para llegar al desarrollo debemos innovar en ciencias exactas, en ciencias sociales, en tecnologías y en cultura. Nuestra sociedad necesita mejores y nuevas tecnologías, para lograr una mejor calidad de vida y soluciones precisas a las problemáticas de nuestro país.

 

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